Capítulo Dos

Nené  era una de esas chicas que pasan sin mirar.  Recién entraba  a sus treinta años con  envidiable solemnidad; al contrario de las mujeres crepusculares, distantes y acomplejadas, poseía una sonrisa sincera, una mirada en la cual uno se puede dormir y un andar propio de las palomas tímidas.

Estaba parada en la esquina esperando el colectivo de la línea 5 por primera vez en su vida; pasados solo unos minutos lo vio aparecer, lenta y casi dolorosamente, doblando la esquina. Tiro el pucho sin haberle dado ni tres pitadas para hacer señas, subir y pagar con monedas. De más está decir que no miro a nadie mientras se acomodaba en el asiento.

Eran las seis de la madrugada y el coche desbordaba de adolescentes dormidos, policías atrasados y quejosos jubilados, sin embargo no pensó en todas las personas  que tendría que soportar durante los tediosos cuarenta y cinco minutos  de su viaje sino en que apenas pudo disfrutar de su cigarrillo en la parada.  Sin duda podría haber esperado otro coche pero no quería llegar tarde al trabajo justo en su primer día.  Su vida, me dicen veinte años después,  iba a comenzar a cambiar solo que ella no lo sabía.

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